
“Esta es una guerra que tenemos que ganar, pero es mucho más difusa, mucho más complicada, mucho más peligrosa. Porque es la guerra contra aquellos que tienen el poder y lo han manejado de manera corrupta y maniquea en Colombia. Si ganamos esa guerra, la otra también la ganamos, pero para eso tenemos que estar unidos” Ingrid Betancourt
En el país de la intolerancia y la no memoria:
Un ideario y un pensamiento vigentes
Al leer sus declaraciones, parecería que Ingrid fuese -antes que una especialista en ciencias políticas- una avezada pitonisa de bola y cristal, pues no hay hechos políticos tan reales y de plena actualidad hoy, y personajes tan bien “dibujados” como los que ella refiere en las entrevistas publicadas por EL INFORMATIVO (Popayán) entre 1998 y el 2000, antes de su secuestro.
Ingrid sufre el horror del la muerte en vida en lo profundo de las selvas y montañas colombianas a manos de las FARC, grupo al que cuestiona y critica en estas declaraciones. Su ideario y pensamiento frente al conflicto, de la política y los políticos colombianos como de los gobiernos, cobran hoy vital trascendencia toda vez que son parte de la memoria del país. EL INFORMATIVO registró sus convicciones y posiciones, en las que se palpa el peligroso y complejo escenario político-militar que consume hoy a Colombia, y que Ingrid veía venir con absoluta claridad, conociendo como conoce a la clase política. Lo que no se imaginó es que, convencida de no ser secuestrada por las FARC, quizá por la posición crítica que había adoptado contra el gobierno y la clase política, viajó al encuentro con un destino ya trazado. Ella igual había criticado y desestimado con severidad el accionar de las propias FARC en la zona de distensión (El Caguan) según se desprende de una de las respuestas suministradas al periódico. Esta posición critica ante el grupo guerrillero, quizá sea probablemente, una de las causas o la causa misma que motivó a las FARC a su secuestro.
Textos y Fotografías de Heber Erazo Bolaños
y Archivo EL INFORMATIVO
"El tiempo es el mejor autor: siempre encuentra un final perfecto”
Chaplin, Charles Spencer
La ex congresista Ingrid Betancourt Pulecio fundadora del partido verde “Oxígeno”, que se convertiría luego en candidata presidencial, visitó al Cauca en dos oportunidades entre 1998 y el 2000. Una de estas visitas fue como congresista y con el objetivo de apoyar las reclamaciones de indígenas y campesinos en la zona de La María, Piendamó, y la otra a Popayán, para presentar oficialmente su nuevo partido político y promover su candidatura presidencial. Hoy, Colombia y el mundo continúan estremecidos por lo que ocurre alrededor de su cautiverio como por todos los demás secuestrados que tienen las FARC.
El Cauca como escenario histórico de múltiples atrocidades y violaciones a los derechos humanos, forma parte de esa Colombia agobiada por un conflicto con más de cincuenta años – Riochiquito- en el que han corrido ríos de sangre, entre otras, en las tristemente célebres masacres de Tacueyó, el Nilo, San Pedro, El Naya, Gualanday, Campoalegre, Cajibío, y otras recientes, además de múltiples asesinatos selectivos contra indígenas, lideres sociales, maestros, sindicalistas, periodistas y opositores.
Ingrid sufre el horror del secuestro a manos de las FARC, grupo al que cuestionó y criticó en estas declaraciones. Su ideario y pensamiento frente al conflicto como de la política, los políticos colombianos y los gobiernos, cobran hoy vital importancia. El Informativo (Popayán) registró sus convicciones y posiciones antes de su secuestro, en los que se palpa el peligroso y complejo escenario político-militar que rodea hoy al país (2007) y que Ingrid veía venir con absoluta claridad, conociendo como conoce a la clase política. Al leer sus declaraciones, parecería que Ingrid fuese -antes que una especialista en ciencias políticas- una avezada pitonisa de bola y cristal, pues no hay hechos políticos tan reales y de contundente actualidad hoy, y personajes tan bien “dibujados” como los que ella refiere en estas entrevistas.
Sobre una berma de la carretera panamericana, convulsionada con un paro de más de quince días liderado por los indígenas del Cauca, ahí aparece esta menuda mujer, bien puesta, tajante, delicada y valiente. La congresista integra una comisión de ocho senadores que arriba hasta La Maria, Piendamó, a fin de conocer sobre el terreno, la realidad de aquella movilización indígena sin precedentes, que paraliza todo el sur del país, y tiene como telón de fondo, continuos ametrallamientos del avión fantasma contra supuestas “columnas de guerrilleros”, que según el ejército se “moviliza” justo en las montañas cercanas frente al lugar de protesta y reunión sobre la estratégica vía panamericana, entre Popayán y Cali.
Usted anda muy tranquila; ¿no le teme a las amenazas ni a los atentados?
Cuando uno tiene la conciencia tranquila, las amenazas son simplemente una sombra que no lo toca a uno. -¿Está amenazada?, le insisto- Obviamente, quién no, pero el pueblo cuida, aunque hemos de tomar medidas de seguridad, en particular me ha tocado separarme de mi familia, pero también creo que esa es una lección para mi familia y para los colombianos, en el sentido de que cuando uno lucha por los principios, cualquier sacrificio vale la pena.
¿Tiraría la toalla?
No la voy a tirar; es duro, pero creo que lo que este país necesita no es gente que se acomoda, sino gente que sabe luchar.
A propósito del proceso de paz, existe la posibilidad de una nueva constituyente ¿Sería acaso revocado el congreso?
Sería excelente, porque el congreso tiene que limpiarse. Lo que hay en el congreso en su mayoría no es bueno. Un congreso constituyente tiene que tener unas reglas de juego muy precisas. Tienen que caber todos: las FARC, el ELN, los paramilitares, todos. Pero sobre todo, el pueblo, el pueblo en su mayoría.
Tiene que ser un congreso constituyente donde realmente los que lleguen, vengan con las mismas reglas de juego, por votación popular, sin clientelismo, sin compra de votos, sin fraude en las mesas electorales, es decir, que para que ese congreso pueda funcionar, es muy importante que las personas que accedan a esos escaños representen realmente los intereses del pueblo y no los particulares, de los que tienen plata, o de las mafias o de los grupos poderosos.
¿Usted está haciendo política o politiquería?
Yo siempre he sido una persona totalmente enfrentada a la politiquería y aspiro a demostrarles a los colombianos que se puede hacer una política, con mayúscula, sin necesidad de tener contratos, sin necesidad de arrodillarse al gobierno de turno, sin necesidad de dejar pensar en voz alta, simplemente por razones de oportunismo o consecuencia. Yo sé que muchas de mis posiciones son criticadas, pero sé también de que estoy dando pruebas de que uno puede hablar en voz alta, que uno puede ser libre y que esa libertad finalmente le devuelve la dignidad a aquellos que uno representa.
¿Cómo frenar definitivamente la corrupción en Colombia?
Sacando a las “patadas” a los corruptos, pero para eso se necesita voluntad política. El presidente Pastrana hubiera podido realmente hacer el cambio. Simplemente con dejar de ofrecer puestos y prebendas a los políticos del Congreso. La reforma política hubiera sido un aditamento, un instrumento adicional, pero ante todo, lo que se necesita es voluntad política.
¿Esto que usted aprecia aquí, no allá en la carrera 7, ni en la plaza de Bolívar (Bogotá), sino aquí en la provincia donde está el pueblo colombiano ¿Cómo lo analiza?
Creo que aquí hay dos fenómenos que los colombianos debemos analizar y de los cuales debemos ser muy conscientes. Obviamente, aquí en el fondo hay una terrible corrupción que hace que haya injusticia social, pero también hay una inmensa desinformación por parte de los medios de comunicación en Colombia. Solo estando aquí, viendo y viviendo lo que está ocurriendo, me doy cuenta de la dimensión del problema que en Bogotá no se siente, y estoy segura que muchas de las luchas que se dan a nivel de Bogotá no trascienden acá, porque en Colombia, los medios informativos, informan en función de los intereses de los dueños de esos medios que están vinculados, obviamente, como siempre, al gobierno de turno.
Acá, por ejemplo, los transportadores están furiosos, pero cuántas veces, ellos han hecho sus huelgas, cuántas veces ellos no han sido los que han frenado la economía, precisamente por sus reivindicaciones; porque supuestamente los unos tienen más derechos que otros, por qué no podemos ser más solidarios, cuando aquí, en este caso, se están haciendo unas exigencias que son las mínimas. Aquí lo que se está pidiendo simplemente es la posibilidad de vivir dignamente, no se está pidiendo nada extraordinario, es más, se está pidiendo lo que todos los políticos vienen a ofrecer en sus giras de campaña. Para que los pueblos de Colombia se tengan que sublevar y hacer estos paros que significan sacrificios, tienen que dormir en estos “cambuches” y comer lo que haya. El peor daño que le estamos haciendo a Colombia, es la indiferencia ante nuestros gobernantes.
Definitivamente, ¿está desencantada con la política?
Yo siempre he estado desencantada con la política. He pensado siempre que la política en Colombia es una porquería. Cada vez que conozco más a los políticos, me doy cuanta que el trabajo que tenemos que hacer es cada día mayor. Estoy muy desilusionada con el gobierno Pastrana, quien tanto habló de cambio; cambió simplemente a unos bandidos por otros, él, lo que ha puesto es a sus amigos a robar, en el puesto de los que estaban robando en nombre de Samper. Es muy triste que los colombianos estemos abocados cada cuatro años a esa desilusión. Mire, la política que tenemos que hacer es muy radical, para exigirle realmente a los que llegan al mando, que le cumplan a los colombianos. Siempre en las elecciones le prometen el oro y el moro, y una vez elegidos, se olvidan de todas sus promesas y comienzan simplemente a armar sus roscas, a robar sin vergüenza, y mire lo que está pasando, ya ni siquiera tenemos recursos para darle educación y salud a nuestra gente. Es muy grave lo que está ocurriendo.
¿Cómo considera su personalidad?
Yo soy una persona muy terca y lo que me propongo, lo consigo. Se que en momentos debemos ser radicales, porque nos han “mamado mucho gallo” y tenemos que aprender a decir basta. Yo creo que mi carácter me ayuda para eso, pero yo también sé, ser muy tierna y flexible cuando se necesita, pero a lo que nunca me doblego es ante el chantaje y las presiones, y soy muy dura en la defensa de los principios. Creo que los principios son el norte de la persona y eso lo lleva a uno a buen puerto.
¿Ha metido la pata?
Muchas veces, pero uno aprende de sus errores. Por ejemplo recuerdo haber hecho equipo con una persona de tan pequeña calaña como Margarita Londoño, pero aprendí eso. Ya sé que tengo que ser más efectiva y más exigente. (¿Existe forma de reconciliación?, le insisto) Mire, quiero que los colombianos aprendan a conocerme. Yo cuando tomo una posición es definitiva. Se ha dicho, por ejemplo, que en esta reforma yo me uní a Serpa. Nunca será así, nunca, es decir, esto es un problema de convicción, yo no pacto con los clientelistas, ni con la corrupción.
¿Cuál es el reto de la nueva generación de hombres y mujeres, que entienden el quehacer de lo público y lo político de manera diferente?
El reto nuestro es lograr arrebatarle el poder a los corruptos y bandidos y ponerlo al servicio a la gente humilde de Colombia, que son la gran mayoría. Para hacerlo necesitamos la democracia. Por lo tanto necesitamos consolidar los partidos que tengan la posibilidad de ser alternativas a la corrupción. Por eso estoy emocionada de estar en Popayán, compartiendo con nuestra gente los retos del partido verde Oxígeno.
Estamos presentes en veintitrés departamentos de Colombia. Presentamos más de cien candidatos a las elecciones del veintinueve de octubre. Hemos abierto las puertas de Oxígeno a personas que en Colombia quieran medírsele a la política de manera honesta. Para ser parte de Oxígeno solo se necesita inmenso amor y fe en Colombia y obviamente temple y coherencia ideológica. No se necesita plata, ni padrinos, ni prebendas. Esta es una guerra que tenemos, pero mucho más difusa, mucho más complicada, mucho más peligrosa. Porque es la guerra contra aquellos que tienen el poder y lo han manejado de manera corrupta y maniquea en Colombia. Esta es la guerra que tenemos que ganar, si ganamos esa guerra la otra también la ganamos, pero para eso tenemos que estar unidos. (El Partido verde Oxígeno, movimiento político alternativo, junto a otras cientos de opciones, fueron borrados de un plumazo, eliminados del mapa democrático por la mayoría Uribista en el congreso)
¿Qué es la retaguardia militar de las FARC?
Una retaguardia es un territorio conquistado por las armas, conquistado en franca lid, en combate, sobre el cual un grupo armado impone sus condiciones porque lo tiene controlado a través de las armas. La zona de distensión no ha sido conquistada, ni lograda en franca lid por las FARC. Lo que hay allí es un engaño para los colombianos, nosotros tenemos que ser solidarios con los habitantes de la zona, porque lo que yo vi allá es que la gente tiene miedo.
Luego de haber roto sus relaciones con el presidente (Pastrana) ¿qué opinión tiene de él?
Mi opinión es que en vez de luchar contra el clientelismo y las maquinarias, en vez de enfrentar la corrupción, como lo había prometido, se alió con ellos para mantenerse en el gobierno. Lo hemos visto débil, cediendo terreno a todos los grupos con poder en Colombia. Aquí es pertinente que yo pida perdón al pueblo de Colombia, porque en mi buena fe fui asaltada. Yo vine a Popayán a invitar a votar por él, pero debe quedar claro que nos traicionó, y que nosotros quedamos decepcionados y desilusionados del manejo que le ha dado al gobierno.
¿Qué opinión le merecen los siguientes personajes, en campaña por la presidencia?
Horacio Serpa: “encarna la corrupción de su partido”
Noemí Sanín: “representa a lo grupos económicos y todo el daño que le hacen al país”
Álvaro Uribe Vélez: “es un nombre que ha estado muy vinculado al paramilitarismo y que ha tenido zonas grises en relación con el narcotráfico”
Para mí todos son iguales de corruptos, jamás me uniría en alianza con ellos.
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